Te presentamos una pequeña selección de leyendas y cuentos que recorren nuestras rutas, algunas desde tiempos ancestrales, y que se han ido transmitiendo de forma oral de generación en generación.
Leyenda del carbonero cotolay y la fuente do oro

La tradición cuenta que Cotolay era un humilde carbonero que vivía en una cabaña en la ladera del monte Pedroso. Su vida cambió cuando conoció a san Francisco de Asís, que había peregrinado a Compostela. Ambos compartieron consejos y enseñanzas. Antes de marchar a Italia, san Francisco le encomendó la construcción de un templo en el lugar conocido como Val de Deus. El carbonero le advirtió que no tenía recursos para hacerlo, así que el santo le aseguró que encontraría todo lo que precisaba en una fuente próxima su chabola. Así fue, Cotolay encontró el tesoro escondido con el que financió el que hoy conocemos como el convento de san Francisco. Su tumba, donde se encuentra una inscripción del siglo XVI que narra su relato, se puede visitar en el interior de este templo.
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Leyenda del dragón de la iglesia de santa lucía

En el Códice Calixtino se cuenta que la reina Lupa ordenó depositar los restos del Apóstol en el monte que ahora se conoce como el Pico Sacro. Allí, los discípulos que lo transportaban encontraron una hembra de dragón a la que le dieron muerte haciendo la señal de la cruz, ya que esta figura estaba relacionada con cultos diabólicos que allí se celebraban. Al morir soltó tres huevos dentro de la cueva de los que nunca más se supo. En la fachada de la iglesia de santa Lucía do Eixo hay un dragón tallado que el saber popular relaciona con esta leyenda. Se trata de un final alternativo para este reptil que narra que, malherido, fue a morir allí. En otra versión, cuando estaban preparando el terreno para construir la iglesia, encontraron un dragón alado enterrado, que consideraron uno de los hijos de la «becha».
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Leyenda de don álvaro de coimbra

En el siglo XII existió un noble portugués que uno, buen día, ya entrado en años, decidió cumplir su promesa y darle un abrazo a Santiago, y así inició una peregrinación con más ilusión que fuerzas. Tras varias etapas y muchos esfuerzos, en el atardecer de 24 de julio llegó a las afueras de Compostela, mas a la altura del cruce del Sar, quedó sin aliento para continuar y así lo sorprendió la noche. Cerró los ojos y, resignado, esperó la muerte mientras pronunciaba: «¡Adiós, amada Coímbra! ¡Lástima no poder llegar a Santiago!». Sin embargo, en el último momento, una fuerza poderosa lo transportó hasta el monte Gaiás, concretamente donde hoy se encuentra el Prisma de los Sentidos, y así, pudo contemplar la ciudad antes de morir con una sonrisa en los labios, tras ver cumplido su objetivo.
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Leyenda de juan tuorum, el hombre santo de bonaval

Juan Tuorum era un honrado herrador, anciano venerable y padre de una hermosa doncella. Su único pecado fue a defender los intereses de su ciudad. No año 1330 el arzobispo Berenguel (autor de la torre del reloj de la catedral, a Berenguela) regresa a Santiago después de un destierro en Pontevedra motivado por la presión de los compostelanos sobre un litigio relacionado con la Jurisdicción Temporal de Santiago. Con el retorno de Berenguel comienzan las venganzas y algún cobarde que había sido rechazado por la hija de Tuorum, identificó a este como líder de los rebeldes que habían asaltado la cámara arzobispal. Berenguel manda prenderlo y lo condena a morir en la horca en la Costiña del Monte (Almáciga). Los compostelanos esperan en la puerta de la cárcel para acompañarlo, pero la ejecución nunca llegaría. Sobre estos hechos, Neira de Mosquera tiene una novela, «La casa del diablo».
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Leyenda de ramírez de arellano e o cruceiro maldito de conxo

Manuel Joseph Ramírez de Arellano y Sotomaior fue un hidalgo que vivió en el siglo XVIII cuya historia dio lugar a un crucero maldito por causa de un malentendido. Según la tradición y los documentos de la época, un día se acercó a los predios que formaban las tierras de Conxo y allí se batió en duelo y murió (en otro documento se dice que fue asesinado en una emboscada). Su madre, Isabel de Sotomaior pagó para que en el lugar de su muerte se había colocado un crucero de piedra con la siguiente inscripción: «Aquí fino D. Manuel Joseph Ramírez de Arella no rueguen a Dios por él. Año de 1718». Esta frase creó confusión y el crucero fue considerado maldito, hasta que el historiador Pérez Constanti aclaró que Arellano era el apellido del fallecido. Su localización original era en la calle Matacáns, más tarde pasó a Fonseca, debido a las obras del Ensanche, y actualmente lo podemos contemplar en la plaza de san Fins de Solovio en la zona del comprado de abastos. Tal inscripción aún se puede leer con la luz idónea No lugar donde falleció 212 viviendas sociales, construidas en 1960, se conocen como casas de Ramírez en su memoria
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Leyenda de la campana de la iglesia de santa lucía

Las campanas tienen una carga simbólica importante en nuestra cultura y dieron lugar a una apasionante tradición «de la campana y de los campaneros». Sin duda tienen una relevancia en la memoria colectiva. Si nos fijamos en la campana de la iglesia de santa Lucía, esta llama a atención por su tamaño, que es desproporcionado con respeto a la cavidad en la que está «encajada». Según un cuento que recorre la parroquia, una campana venía de la catedral de León y viajaba en un carro de bueyes, con destino a la catedral de Santiago, mas como era muy pesada, los hombres que la transportaban decidieron dejarla allí. Esa campana original, que estaba ricamente decorada, rompió con el paso del tiempo. Al fundir una nueva, esta resultó ser aún más grande que la anterior, de tal modo que hubo que ensanchar el hueco picando en la piedra para que pudiera encajar. El vecindario cree que existe una maldición con las campanas de esa iglesia y que se mandan hacer una nueva, será de mayor tamaño. No sabemos si esta historia será cierta o no, lo que sí conocemos y el origen de esta última campana: fue fundida en el 1989 en un taller de Arcos de la Condesa, en la provincia de Pontevedra.
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Leyenda de la casera, la bruja del sarela

Las meigas, esas mujeres con poder extraordinario o mágico, están profundamente arraigadas a la cultura popular gallega. En primavera de 1930, apareció una noticia en los periódicos de Compostela. Era sobre una mujer: Josefa García, casera de Sarela de Abajo, de la que se decía que podía echar y quitar el mal de ojo, así como levantar el omóplato. Josefa era una mujer arrogante, violenta, insultadora y obscena que amenazaba a los vecinos con los que no se llevaba bien hasta el punto de esperarlos en los caminos con la finalidad de atacarlos. Se cuenta que elaboraba maleficios y brebajes que podían traer desgracias a un hogar (matar un ternero, hacer nacer hijos muertos, … ) o levantar maldiciones. De hecho, llegó a afirmar que se le daban 500 pesetas, acababa con el mundo. Por fortuna, parece que nadie se las dio.
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Leyenda de san marcos

Pasado el riachuelo de la Lavacolla, había que subir la costa de la Rexidoira. Subía como peregrino San Marcos, que venía a visitar al Apóstol Santiago. Casi a la mitad de la costa, le alcanza otro peregrino más nuevo, que trae un varal con sandalias muy gastadas. Muy hablador y, en apariencia, buen conocedor del camino, San Marcos le preguntó:
— «Ya que sabes tanto del camino y de los hospedajes, me dice cuanto falta para llegar a Santiago».
— «Oh, mucho, contestó el muchacho. Yo vengo de Alemania y falta otro tanto. ¿Ves cuantas sandalias? Pues otras tantas tendré que gastar, ya que Santiago está al final de la Tierra, en el extremo del mundo». (Cuando en realidad solo una legua lo separaba del fin del camino).
San Marcos, al oír esto, se desanimó y decidió no continuar. También mandó construir una capilla allí mismo, orientada hacia el lado opuesto a la ciudad (el oriente).
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Leyenda de la virgen del sar

En junio de 2020, un pescador encontró una escultura gótica de la Virgen con el Niño en el río Sar a su paso por Conxo. La pieza fecha del siglo XIV, fue extraída y trasladada al Museo de las Peregrinaciones de Santiago de Compostela. Se cree que la escultura, que pesa alrededor de 150 kilos, pudo haber sido utilizada como relleno de un antiguo dique. Se viene especulando con su origen, y algunas hipótesis la asignan al monasterio de Conxo o la una gruta desaparecida.
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